
Quiero escribir palabras basadas en una sonrisa, en miradas, besos y esas cosas que hacen felices a las personas. Pero no puedo, ¿Y por qué? ¿No son reales? ¿No existen? O simplemente es porque no harán sentir mejor a nadie… ni a mi mismo.
Más bien esas palabras parecen que querrán transformarse en drama y conflicto. Y me vuelvo y me pregunto ¿Por qué? ¿Por qué no puedo hablar de colibríes, de manos enlazadas, de canciones no escuchadas?¿Es acaso porque toda persona debe importarme?¿O solo lo hago por las que si me importan y temo perder por hacerlo?
Y releo entradas antiguas, de otros años, del inicio de una historia con reciente desenlace y me pregunto ¿Por qué no ha importado destruirlas sin mirar atrás y a mi si debe importarme? Las emociones se terminan, y con ellas muchas veces las historias pero golpearles con mentira y cavar su propia tumba no ayuda a conservar nada, ni siquiera la propia. Como quién ve un animal cojeando y decide cortar la cabeza porque total, ya estaba herido.
Es cierto que si el protagonista de la historia (símbolo de la autoridad de un perverso experimento psicológico) te guía, la conciencia se anula y quizá la excusa de “no es merecedor y si culpable” valga para afianzar un pensamiento de inocencia. Pero aun así debería quedar cierto desasosiego de que el daño ajeno es causa de uno y que nunca hubo por parte del ego un ofrecimiento desinteresado y sincero para comprender la verdad de aquel que lejanamente te acompañaba. O la sugerencia de ayudar a quién te rodea.
Pero bueno, esto es pasado y al final estas historias no dependen de terceras personas cuando se habla de amor. Pero aun así, sentirse traicionado duele y saber que esas personas que alguna vez te importaron no tuvieron ni el más mínimo interés de mirar por la cerradura de tu corazón te enseña una dura lección que es difícil de aprender.
No te fíes.
PD: hablar ahora de otros sentimientos parece un sin sentido.

1 comentarios:
Contra la Torre, sólo puedo ofrecer la carta de la Estrella... y aguardar. El dolor del alma, sólo uno mismo se lo puede sanar...
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